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El Heraldo de Miami

Lunes, noviembre 10, 2003

El TLC visitado de nuevo

Diez años después del debate sobre el TLC, ambas partes siguen divididas respecto al acuerdo comercial

Por Jane Bussey

Reynosa, México – Con batas azules, mezclilla y juventud, trabajadores de plantas ensambladoras caminan en tropel a través del transitado Boulevard Porfirio Díaz, nueve horas de trabajo – el fruto de los sueños del TLC – quedan atrás y el destino de México en su futuro.

El debate de México y Estados Unidos sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte se centró en esta generación. Dándole vidas productivas a la gente joven, podrían subir sus estándares de vida y comprarían productos estadunidenses – estimulando los trabajos y las exportaciones estadunidenses, frenando la inmigración ilegal de mexicanos y concretando un escenario de ganancia entre México, Estados Unidos y Canadá.

Los argumentos continúan
Diez años después del feroz debate del TLC, El Heraldo regresó a los mismos pueblos de la frontera Estados Unidos-México, McAllen-Reynosa, que visitó a finales de 1993 para buscar trabajadores en las plantas de ensamblaje, conocidas como maquiladoras, y para explorar cómo sus vidas – y México – han cambiado desde que el TLC entró en efecto el 1 de enero de 1994.

Aún en este laboratorio de integración regional, críticos y defensores del tratado comercial continúan hoy divididos como lo estaban 10 años atrás.

“Ha ayudado a México”, dice César Alejandro Mendoza, de 19 años de edad, quien cada día cose decenas de sostenes de Victoria’s Secret en Ray-Mex Bra Productions en uno de los parques industriales más antiguos de Reynosa.

Lid Monreal, también de 19 años de edad, y fresco de su día de trabajo en la cercana LG Electronics de propiedad coreana – antiguamente propiedad de Zenith Electronics – tiene una opinión diferente. “Han habido muchos cambios en la economía mexicana, pero la gente es la misma; no hemos visto ninguna mejoría”, dice Monreal.

El Río Bravo
El río grande divide mucho más que dos países, la frontera demarca todavía la dramática brecha en los niveles de vida entre Estados Unidos y México.

Las peores predicciones de los efectos del TLC no han sucedido todavía. El “succionador gigante” de trabajos que se van al sur, predicho por el opositor del TLC y ex-candidato presidencial Ross Perot, fue más moderado que los números de trabajos estadunidenses que se han ido a China desde el 2000. La globalización hizo a algunos sectores de la economía mexicana más eficientes y estableció producción-participación entre los países del TLC.

Pero al cumplir el TLC sus diez años, los resultados demuestran que el tratado comercial no era la panacea de los problemas mexicanos, ni tampoco la bala mágica para las exportaciones estadunidenses o para los empobrecidos pueblos de la frontera, como McAllen.

“El TLC para México ha sido un éxito en término del aumento de intercambio comercial y la inversión extranjera hasta aproximadamente el año 2000”, dice Kevin P. Gallagher, un investigador asociado del Instituto de Desarrollo Global y Ambiental de la Universidad de Tufts.

Los beneficios del intercambio comercial
Pero los beneficios del intercambio comercial –los miles de millones de dólares en inversión extranjera – eran para ser utilizados para financiar desarrollo, de acuerdo a las metas estipuladas en el Plan de Desarrollo Nacional mexicano. “Ellos perdieron la oportunidad de tomar la inversión extranjera para crear demanda doméstica y mejorar la economía. Ahora que las inversiones se han paralizado, no hay espacio para el crecimiento”, dice Gallagher.

Parte de la desilusión del TLC podría estar quizás en las expectativas poco realistas. Esas grandes esperanzas comenzaron con el ex-presidente mexicano Carlos Salinas.

“Queremos ser parte del primer mundo”, dijo Salinas, añadiendo que el TLC le permitiría a México exportar mercancías y no gente a Estados Unidos.

Acogida de la visión
Los trabajadores en Reynosa acogieron esta visión en 1993. Un residente de Reynosa hasta predijo que en 10 años los salarios mexicanos estarían al mismo nivel que los estadunidenses.

Pero los salarios reales en México están más bajos hoy que cuando el TLC fue aprobado y no han estado a la par con las ganancias por la productividad, de acuerdo a un estudio del Fondo para la Paz Internacional de la Fundación Carnegie. El sector rural ha perdido 1.3 millones de trabajos, causando que familias campesinas dependan mucho más de los 12 mil millones de dólares de transferencias enviados anualmente desde Estados Unidos. Ni la pobreza ni el flujo de trabajadores indocumentados ha disminuido.

Débil crecimiento
El débil crecimiento de la economía mexicana no puede absorber al millón de jóvenes que entran a la fuerza laboral cada año, así que el flujo de trabajadores indocumentados a Estados Unidos se ha inflado de un estimado de 200 mil al año en 1994, a más de 300 mil hoy en día, de acuerdo al Instituto Nacional de Estadísticas de México.

Las estadísticas gubernamentales demuestran que aún cuando la extrema pobreza ha bajado dramáticamente, el número de personas clasificadas como pobres o extremadamente pobres ha aumentado de 62 millones a 69 millones, en una población de más de 100 millones.

Sueños y esperanzas
Las más grandes esperanzas de México se equiparaban con los sueños estadunidenses. Pero aún hoy, luego de innumerables estudios, todavía es debatible qué han ganado o perdido los trabajadores estadunidenses con el TLC.

El ex-presidente Bill Clinton predijo que el TLC iba a crear 200 mil trabajos en sus dos primeros años. El Instituto de Política Económica estimó que se perdieron 766 mil trabajos en los primeros siete años del TLC. La Oficina Representativa de Intercambio Comercial de Estados Unidos ha afirmado que se han ganado 914 mil trabajos. Sin duda alguna los trabajos se fueron a México en los noventas, pero este éxodo fue enmascarado con el auge de una economía doméstica que marcó índices de desempleo sin precedentes.

A pesar de la diferencia en los números, el gobierno estadounidense ha certificado bajo el programa de Asistencia de Ajuste Comercial, hasta septiembre de este año, a 525,094 trabajadores han perdido sus trabajos debido al TLC.

Para ambos países, la carta jugada por el TLC fue alterada para siempre con el surgimiento de algo imprevisto: China y su emergente poder económico global.

Desde el año 2000, fábricas en zonas de exportación china han reemplazado pueblos como Reynosa como el centro industrial favorito de las multinacionales. Más de 300 mil trabajadores mexicanos de maquiladoras han perdido sus trabajos desde el año 2000, algunos debido al desaceleramiento económico de Estados Unidos, otros debido al flujo hacia América Central, pero muchos más debido al éxodo hacia China.

Mike Allen, Presidente y Jefe Ejecutivo de la Corporación de Desarrollo Económico de McAllen, dice que Reynosa ha sabido competir con China en comparación con otros pueblos fronterizos que han perdido cantidades de plantas ensambladoras.

Costos en China
Compañías potenciales llegan con listas de costos de operaciones en China y le dicen a México: “igualen esto”, dice Allen.

“No hay conciencia social al hacer negocios”, dice Allen, quien fue sacerdote católico en México. “Este es el costo de hacer negocios”.

Para México, la immigración a China es más que trabajos. De igual preocupación es la caída de la inversión extranjera directa que estaba destinada a financiar el desarrollo económico.

“Estamos siendo testigos del principio del fín del contrato preferencial”, dice el ex-ministro de comercio mexicano Luis de la Calle, quien administraba la oficina del TLC en Washington. “En el 2003 hemos llegado al final de los beneficios del TLC”.

México falló al no utilizar los flujos de capital iniciales del TLC para invertir en educación y proyectos de infraestructura urgentemente necesitados tales como plantas de electricidad, caminos e instalaciones para tratamiento de agua, dice Gallagher, de Trufts.

Esta falta de infraestructura está a la vista a lo largo de la frontera. Mientras que el cielo de Reynosa no está relativamente contaminado en comparación con otras ciudades fronterizas, y los bien mantenidos parques industriales albergan modernas instalaciones, la planta de tratamiento de agua de la ciudad no ha podido mantenerse al ritmo del crecimiento de la población. Curveando la frontera cerca del puente internacional de Reynosa hay un canal repleto de limo.

Ir a trabajar puede tomar hasta noventa minutos en un autobús que atraviesa polvorientas calles sin pavimentar.

Un reporte reciente de la agencia de puntaje de crédito Fitch, Tiempo de Auge en el Río Grande: La frontera USA-México se expande, advirtió que la falta de infraestructura era la causa por la que México podría no ser competitivo.

“La gran demora o el posponer invertir en todas las infraestructuras está realmente poniendo a México en gran desventaja en comparación con China”, dice Gersan Zurita, director administrativo de finanzas públicas internacionales de Fitch. “Está limitando el crecimiento potencial del país”.

No fábricas de explotación
Con sus pantalones de mezclilla y ocasionalmente un teléfono celular, los trabajadores de maquiladoras son emblemas de la globalización. Algunos son refugiados de devastadas economías rurales duramente golpeadas por la importación barata de maíz a Estados Unidos. Las plantas pagan mejor que muchos otros trabajos en Reynosa y a pesar de las muchas quejas acerca de los bajos salarios y de la falta de sindicatos, éstas no son plantas de explotación como se describen en otros países.

En numerosas entrevistas con trabajadores de maquiladoras, nadie culpa a Estados Unidos por las fallas del TLC. En todo caso ellos culpan a su propio gobierno. El tratado tampoco es universalmente impopular.

“Ha ayudado, se pueden ver cambios”, dice Aristeo Hernández, quien dice haber visto mejoras en su propia colonia: agua, electricidad y aceras. Hernández también le da una alta puntación a su trabajo en la planta de motores pequeños de General Electric donde gana 90 dólares a la semana, comparado a los 65 dólares promedio que dicen se ganan en la cercana LG Electronics.

Hace un década, Paulina Hernández describió al Heraldo su aparición en la reunión de accionistas de Zenith para quejarse de las condiciones de la compañía. “La forma de tratarnos cambió”, dice ella. “Nos daban órdenes de mejor manera”.

Sin embargo, la vida continúa siendo una lucha, dice Hernández. Hoy en día ella está librando un lucha personal contra la tuberculosis, mientras lucha también por los derechos laborales como parte de la Coalición pro-Justicia en la Maquiladoras.

“Nuestros salarios son los mismos”, dice Hernández. “Otras cosas están peores; hay mucha migración a Estados Unidos. Mucha gente viene de Veracruz, pero muchos siguen para Estados Unidos”.

María Elena García también trabaja para apoyar los derechos de los trabajadores con el Comité Fronterizo de Obreras. La ex-trabajadora de maquiladoras de 32 años de edad descarta muchas de las promesas del TLC como “ilusiones”, pero García esta luchando por sus propios sueños de un futuro más próspero para la nueva generación mexicana: “Estoy trabajando para que mi hija no viva una vida de maquiladora”.

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