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Revista Acción Quákera La etiqueta dice ¡Justicia! Con ayuda de AFSC, trabajadoras en la frontera México-Estados Unidos comienzan una empresa de comercio justo Por Ricardo Hernández y Becky Flory Hace cuarenta años fue creada una zona de libre comercio en una franja de la frontera de México justo al otro lado de Estados Unidos. El Comité de Servicio de los Amigos (AFSC, por sus siglas en inglés) tuvo la visión de apoyar un proyecto para desarrollar el poder de trabajadoras mexicanas que habían llegado a las ciudades fronterizas para ocuparse en las plantas ensambladoras de propiedad estadounidense conocidas como maquiladoras. El proyecto de AFSC se convirtió en el Comité Fronterizo de Obreras (CFO), una efectiva organización de base que ha educado trabajadores y luchado por sus derechos. Juntos, CFO y AFSC han perseguido un cambio sistémico a través de estrategias que incluyen:
Sin embargo, los trabajadores están enfrentando cada vez más una implacable competencia global. Esa competencia fuerza a muchas compañías a cerrar, a reducir costos yéndose a países con menores costos salariales, o a socavar condiciones laborales en México. En el 2003, AFSC fue pionero de una respuesta creativa a los impactos negativos de la competencia global. Con apoyo de AFSC y del CFO, cinco mujeres del CFO iniciaron una empresa de producción de ropa a pequeña escala. Las mujeres había sido tiempo antes liquidadas cuando grandes maquiladoras de costura que hacían ropa para Levi’s y otras compañías cerraron en Piedras Negras, México. Así nació la Maquiladora Dignidad y Justicia. La empresa requería una cantidad modesta de capital, un bajo nivel de riesgo, y mucha firmeza de carácter y determinación. A fines de 2004, Dignidad y Justicia surtió su primera orden de mil bolsas de algodón orgánico para el mercado de Estados Unidos. En su lista para producir se encuentran camisetas para adultos y muchachas, así como sudaderas. El proyecto suma un productor de base a un movimiento grande que trabaja para demostrar que es posible hacer negocios de manera ética y justa. El creciente movimiento por un comercio justo busca mostrar que un grupo importante de consumidores escogerá comprar productos producidos de acuerdo a aquellos valores, abandonando marcas producidas en fábricas de explotación, incluso si los consumidores tienen que pagar un precio un poco más alto. El socio comercial de Dignidad y Justicia en Estados Unidos, North Country Fair Trade, proporciona la materia prima y equipo, y coloca en el mercado el producto final. Mientras tanto, CFO y AFSC desarrollan las habilidades de las costureras, ayudándoles a diseñar e implementar las políticas de la compañía y a facilitar el desarrollo general del proyecto. Esta maquiladora “alternativa” utiliza el marco legal de la industria maquiladora y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) para la importación y exportación. La diferencia es que las costureras-trabajadoras son propietarias del 40% de la empresa; representantes del CFO (ellas mismas ex-trabajadoras de las maquiladoras) poseen un 30%; y North Country es dueño del restante 30%. Si Dignidad y Justicia obtiene suficientes contratos en Estados Unidos, así como apoyo financiero y ayuda técnica para que las costureras desarrollen sus destrezas empresariales, este pequeño taller se convertirá en un productor comercial justo y económicamente viable que podría duplicar su modelo en otras ciudades fronterizas. ¿El objetivo? Está en la etiqueta de la bolsa. No dice Levi’s, o Hanes, o Gildan. La etiqueta dice ¡Justicia! Justicia para el productor. Ricardo Hernández es Director del Programa de la Frontera México-Estados Unidos de AFSC; Becky Flory es miembro de la Corporación de AFSC. Más información sobre Dignidad y Justicia está disponible en línea en: www.cfomaquiladoras.org/dj.english.html
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