Por los derechos humanos y laborales de los trabajadores de las maquiladoras
 
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Ugebrevet A4/ Confederación Danesa de Sindicatos
Noviembre 14, 2005

La lucha de una mujer por la causa de las mujeres

En el lado mexicano de la frontera entre Estados Unidos y México, miles de mujeres sienten diariamente los severos, sombríos aspectos de la globalización. Ellas se vuelven esclavas de compañías multinacionales por salarios pésimos y condiciones de trabajo miserables para producir, entre otras cosas, ropas Harry Potter para la parte rica del mundo. Julia Quiñonez está peleando por la causa de las mujeres mexicanas.

Muñeca Barbie Miles de mujeres mexicanas trabajan asiduamente bajo estrés en las máquinas de coser. Hilera tras hilera, ellas se sientan con sus cabezas inclinadas y sus manos trabajando muy ocupadas en la costura. Los vestidos de la Barbie Rosa y los negros de Harry Potter bajo el árbol de navidad son un éxito con los niños alrededor del mundo, y esto se puede sentir en las fábricas de Rubies en el norte de México. Mujeres y jovencitas se esclavizan por salarios miserables y sólo pueden soñar con ver a sus propias hijas e hijos vestidos como aquellos héroes del momento para los niños.

Es la coordinadora de la organización mexicana Comité Fronterizo de Obreras. Julia Quñonez, quien reporta sobre las condiciones de trabajo miserable y los sueños rotos. Y ella no oculta que con frecuencia es intolerable ser testigo de los lados obscuros de la globalización.

“Para millones de mujeres y jóvenes mexicanas, la vida es una lucha por sobrevivir, y esto es especialmente cierto para las mujeres que trabajan en las fábricas a lo largo de la frontera con Estados Unidos. Las mujeres reciben salarios de miseria, apenas ven a sus hijos, están expuestas a químicos peligrosos y a malas condiciones de trabajo, y se arriesgan a ser despedidas si se atreven a protestar”.

Ella está indignada a nombre de las mujeres mexicanas. Indignada de que los políticos, organizaciones internacionales, compañías multinacionales y también los consumidores del mundo dejan que esto suceda. O ellos cierran sus ojos a las obvias violaciones de las convenciones internacionales, o debido a la ignorancia, no se dan cuenta de que el crecimiento global sigue a galope pero con vidas de mujeres sobre su consciencia.

“Una semana de trabajo de 48 horas deja aproximadamente de $50 a 60 dólares estadunidenses (más o menos 350 coronas daneses, editora) de salario en las fábricas mexicanas. Eso no es para nada suficiente para una familia. Para poder sobrevivir, la mayoría de las trabajadoras tiene que trabajar en un segundo trabajo, o las muchachas más jovencitas tienen que entrar al mercado laboral para ayudar a alimentar a los miembros más jóvenes de la familia. Esto significa que muchachas hasta de catorce años de edad se desgastan y no están obteniendo una educación; y las compañías multinacionales las contratan sin dudarlo”, nos dice Julia Quiñonez.

La lista de preocupaciones es infinita en las multinacionales que se han establecido en México a lo largo de la frontera con Estados Unidos y han empleado a trabajadores mexicanos por salarios que recuerdan salarios de hambre. La gigante Alcoa emplea 15 mil trabajadores en México para producir autopartes para Ford, Volkswagen y otras armadoras automotrices.

“Los empleados de muchas fábricas trabajan con productos químicos que han sido prohibidos en los países de donde son las compañías, pero debido a que nosotros tenemos unas leyes muy laxas, las compañías mueven su producción peligrosa a México. Yo he visto a muchas mujeres con alergias, cáncer y leucemia debido a una falta total de protección para las trabajadoras”, afirma ella.

Sindicatos fantasma

Pero la lista de pecados no se detiene en los salarios bajos, el trabajo infantil y el trabajo insalubre. Los sindicatos han sido prohibidos en la mayoría de los sitios de trabajo, y los trabajadores descontentos que tratan de organizarse para luchar por mejores salarios y condiciones de trabajo son despedidos. Este fue el caso, de acuerdo a Julia Quiñonez, hace menos de seis meses en las fábricas de Rubies en el Estado de Hidalgo.

Rubies tiene una licencia para hacer productos para algunas de las más grandes compañías del entretenimiento en el mundo. La compañía Time Warner usa la fábrica mexicana de Rubies para, entre otras cosas, coser los disfraces de Harry Potter, y el gigante del juguete Mattel hace en México sus vestidos y varios accesorios para Barbie.

En Rubies en Hidalgo , poco más de 70 trabajadoras se las ingenieron para establecer un sindicato en abril, pero hacia fines del mes ellas habían sido despedidas. Esto a pesar del hecho de que la mayoría de trabajadoras de Rubies había respaldado el sindicato.

“La lista de quejas era larga: ausencia de seguridad, no pago de horas extras, no Seguro Social, pruebas de embarazo obligatorias, y uso de trabajo infantil. A pesar de ello, las mujeres que trataron de mejorar las condiciones de trabajo estableciendo un sindicato independiente perdieron sus trabajos”, dice Julia Quiñonez con un tono de voz de indignación.

La historia es la misma con la gigante compañía Alcoa con sus 125 mil empleados en todo el mundo. En una planta mexicana de Alcoa, un grupo de trabajadores el año pasado decidió hacer uso de su derecho a formar un sindicato. “Alcoa los despidió, y los trabajadores se quejaron ante la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) de las Naciones Unidas para que se les restituyeran sus derechos. Hasta la fecha la Queja no ha sido escuchada porque la OIT está esperando comentarios del gobierno mexicano, quien está sentado sobre el caso sin hacer nada”.

Y los sindicatos a quienes se permite existir no siempre son auténticos.

“Nosotros empleamos un concepto llamado ‘sindicatos fantasma'. Quiere decir que las compañías dicen a sus empleados que ellos tienen sindicatos a los que se pueden unir; pero en realidad el patrón tiene a esos sindicatos en el bolsillo”.        

Bush ha empeorado las cosas

Los pobres trabajadores no reciben mucha ayuda de las autoridades, quienes, de acuerdo a Julia Quiñonez, ponen mucha más atención a los intereses de los capitalistas que a ayudar a la mitad de los cien millones de mexicanos que se estima viven debajo de la línea de la pobreza.

“El gobierno mexicano se agacha ante las compañías multinacionales para asegurar que los empleos permanezcan en el país. El gobierno se hace cargo de la inmensa infraestructura, de que la electricidad no falte y de que las fábricas tengan agua potable. Esto sucede en contraste con las condiciones de vida que tienen los trabajadores de las fábricas. Ellos viven en casas muy pobres hechas con láminas y con frecuencia sin electricidad”, dice ella.

A principios de los años 90, Canadá, Estados Unidos y México establecieron un tratado de libre comercio, el TLCAN, y de alguna forma el libre comercio ha estado generando crecimiento y trabajo también en el México pobre, de acuerdo a Julia Quiñonez. Sin embargo, durante los últimos años, el desarrollo ha ido en retroceso, piensa ella.

“Se ha vuelto peor desde que el presidente Bush se hizo cargo de Estados Unidos. La frontera entre México y Estados Unidos se ha vuelto una especie de laboratorio donde se permite que grandes corporaciones hagan cosas, presionen para sacar la producción, y eviten muchos requerimientos ambientales. Esto está preocupando a los trabajadores a ambos lados de la frontera, y es claro que tanto la globalización como la forma de gobierno del presidente Bush no son equitativos para todos”.

Julia Quiñonez sabe muy bien que la historia de los trabajadores no calificados en México no es única. El mismo drama clásico de explotación y de ignorar los derechos internacionales de los trabajadores sucede en todo el planeta. Desde China hasta Honduras , de Filipinas a Camboya. Y la globalización sólo fortalece las condiciones de trabajo inaceptables, piensa ella.

“Por lo tanto, nosotros también tenemos que organizarnos en redes globales. Tenemos que hacer escuchar nuestras voces al unísono y enfocar la atención de los medios y de los consumidores”.

Advertencia contra los boicots

Es también para hacer escuchar su voz que ella acaba de visitar Dinamarca. Junto con otras mujeres líderes laborales de la India , Australia , Estados Unidos y todo Europa, ella está trabajando para crear una red global de mujeres líderes sindicalistas. De Dinamarca, Tine Aurvig-Huggenberger, Vicepresidenta de LO, está involucrada en la nueva red cuya tarea es enfocarse en las inaceptables condiciones de trabajo para las mujeres.

“Yo espero que la red global de líderes sindicalistas pueda llamar la atención sobre las condiciones de trabajo en las compañías multinacionales en México. Y no sólo ahí, sino también en otros países donde sea necesario”.

Sin embargo, ella claramente responde con un “No” a la pregunta de si sería o no útil que los consumidores europeos boicotearan negocios como los de Rubies y Alcoa. Julia Quiñonez advierte contra el boicot de ciertos productos y no piensa que eso sería una palanca para mejorar las condiciones de trabajo.

“Los consumidores pueden hacer más haciendo preguntas a las subsidiarias de las compañías en Europa y a los distribuidores de los bienes de consumo. Alcoa también tiene fábricas en España. ¿Cómo están ahí las condiciones, y por qué las mismas no corresponden a las de México? Haciendo las preguntas, los consumidores demuestran que ellos están conscientes de las condiciones de trabajo. Hoy las compañías se preocupan por su imagen, y si ellas sienten una fuerte presión, eso ayudará”.

Además, los empleados que trabajan para las mismas compañías, sin importar si las mismas están en Estados Unidos, México o un país europeo, pueden mostrar solidaridad y plantear demandas en apoyo unos a otros.

“La globalización también tiene lugar entre los trabajadores, y no son sólo las finanzas de las compañías las que ganan con la globalización. El trabajador también tiene la posibilidad de ganar de una cooperación más cercana. Por lo tanto, yo prefiero acciones coordinadas más que un boicot aislado. Acciones donde los trabajadores que trabajen para la misma compañía muestren solidaridad mutua demandando condiciones de trabajo decentes para todos en las fábricas. Y luego acciones donde las organizaciones de trabajadores hagan escuchar sus voces”.

Finalmente, Julia Quiñonez ha visto que muy conocidas estrellas de Hollywood pueden también dirigir los reflectores hacia los destinos no glamorosos de las mujeres en México. Además de pelear por los derechos laborales de las mujeres, la organización de Julia Quiñonez también encabeza un trabajo para resolver el misterio de los brutales asesinatos de casi 300 mujeres jóvenes en el Estado de Chihuahua durante los últimos años. El denominador común de los asesinatos de mujeres es que ellas trabajaban en las grandes fábricas en el norte de México.

La actriz estadunidense Jane Fonda ha precisamente encabezado una iniciativa que demanda una solución a los asesinatos. Y en 2006, la película “ Pueblo fronterizo” tendrá su estreno. Jennifer Lopez y Antonio Banderas tienen los papeles principales en una película que describe los asesinatos de las jóvenes mujeres, las condiciones de trabajo en las fábricas, y la lucha en vano de los familias para que los asesinatos se resuelvan.

Af Gitte Redder, gre@lo.dk

 

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