Por los derechos humanos y laborales de los trabajadores de las maquiladoras
 
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Agosto 2005

Confianza mutua y una estrategia global: cimientos de la solidaridad a través de las fronteras

Por Ricardo Hernández, American Friends Service Committee

Una premisa que subyace en el debate actual sobre la fuga de trabajos estadounidenses a otros países es que millones de trabajadores están “desesperados” haciendo fila para obtener trabajos de bajos salarios en miles de plantas manufactureras alrededor del mundo, especialmente en China, el sureste asiático, México, Centroamérica y Europa oriental.

El sentimiento de que trabajadores extranjeros están “robando nuestros trabajos” ha aparecido intermitentemente en la mentalidad estadounidense durante años. En décadas recientes la amenaza tenía cara japonesa y luego mexicana (recuérdese el “gigantesco sonido de succión” de Ross Perot durante el debate sobre el TLCAN). Más recientemente, la amenaza ha presentado una cara hindú (“¡Nuestros trabajos de alta tecnología!”) y una cara china (“Viene la tormenta roja”, en palabras del comentarista de CNN Lou Dobbs).

Simultáneamente, miles de personas de Estados Unidos han cruzado a México en busca de un mejor entendimiento de las realidades fronterizas. En el proceso, muchas de ellas han tomado un curso relámpago sobre economía global. Una de las primeras lecciones que aprenden es que las corporaciones estadounidenses son responsables de las dificultades económicas que afectan a millones de trabajadores en ambos países.

Al escuchar las historias que les cuentan los trabajadores mexicanos y ver las colonias donde viven, se desarrolla una predecible gama de sentimientos. Los visitantes siente compasión, pena por las gente local y rabia contra las corporaciones que primero se mudaron al sur de Estados Unidos, luego a México y después a China. Se sienten indignados y también deprimidos.

Ante sus ojos, los trabajadores de maquiladoras son víctimas irremediables de las corporaciones y de la globalización. Ellos son, en las palabras del presidente de un sindicato internacional de Estados Unidos: “El manantial rebosante de sucia y barata mano de obra”. No obstante, el tema de la solidaridad generalmente surge de tales encuentros. “Estas son corporaciones estadounidenses; nosotros podemos y debemos hacer algo para ayudar a esta gente”. Pero pocos de estos visitantes ven a los trabajadores de las maquiladoras como actores sociales serios que de hecho están desafiando la carrera hacia al fondo.

De la simpatía a la solidaridad

Algunos visitantes de Estados Unidos viajan a la frontera a través de delegaciones organizadas por organizaciones laborales y sus simpatizantes estadounidenses, tales como el Comité Fronterizo de Obrer@s (CFO) y el Comité de Servicio de los Amigos AFSC, por sus siglas en inglés). En tales delegaciones los visitantes escuchan historias de coraje, dignidad y resistencia: mujeres que han alzado sus voces por sus derechos y que ahora son respetadas por sus jefes; paros laborales espontáneos; denuncia de supervisores malos; tortuguismo estratégico en la producción; aumento de quejas formales de violaciones laborales ante oficinas gubernamentales.

Visitantes estadounidenses y miembros del CFO con donaciones de libros de la Ley Laboral Mexicana.

Sin embargo, a la mayoría de los visitantes les es muy difícil entender fenómenos recientes como la gran escasez de mano de obra en ciudades como Ciudad Juárez, al mismo tiempo que las fuerzas económicas globales y las políticas del gobierno mexicano se combinan para empujar a la industria maquiladora a ir más abajo aún.

Los trabajadores de las maquiladoras, especialmente los residentes de la frontera (muchos de los cuales no se sentían explotados por la industria en los años ochenta), están ahora hartos del desenfrenado declive en las condiciones laborales que está sucediendo en México. Los trabajadores están espontáneamente enviando el mensaje simplemente rehusándose a solicitar trabajos en las maquiladoras. La industria y funcionarios oficiales en Juárez están preocupados por la escasez de casi 10 mil trabajadores. Mientras tanto, compañías maquiladoras están aumentado sus esfuerzos de reclutamiento en el interior de México, particularmente en pueblos rurales del estado de Veracruz.

Una forma diferente de apreciar las dinámicas contemporáneas de la globalización es comenzar a darse cuenta de que todos los días cientos de trabajadores de maquiladoras luchan, expresan sus opiniones y se organizan con recursos mínimos y en un ambiente laboral muy severo. El siguiente paso es darse cuenta que estas luchas no están separadas de las que están peleando en Estados Unidos mecánicos de líneas aéreas, asistentes de vuelos, trabajadores de casinos, empleados de hoteles, inmigrantes indocumentados, trabajadores agrícolas y muchos otros, en condiciones difíciles similares.

Unos cuantos círculos de activistas dentro del movimiento anti-libre comercio y laboral están ya considerando a los trabajadores alrededor del mundo como parte de una sola lucha por la justicia social, lo que conlleva a la necesidad de tener una estrategia global de solidaridad laboral. Tal visión daría mayor sustancia política a la solidaridad a través de las fronteras, al mismo tiempo que va más allá del no demandante sentimiento de simpatía por los trabajadores en el Sur global. Más importante aún, esta dimensión global de los derechos de los trabajadores no debería ser vista como una que se relaciona sólo a distancia con la agenda social y política en Estados Unidos por los derechos de los trabajadores.

AFSC: una vía de acceso natural

Por más de dos décadas, AFSC se ha mantenido al frente del activismo en las maquiladoras. El personal de AFSC ha pasado días escuchando literalmente a cientos de trabajadores en sus casas. De regreso en Filadelfia, Austin, Nueva Hampshire o Denver, esos trabajadores de AFSC también han fomentado el involucramiento de movimientos laborales y sociales estadounidenses en la creación de nexos con trabajadores en el lado mexicano de la frontera.

Para cientos de personas, AFSC ha servido como una vía de acceso natural a las realidades fronterizas. Periodistas, sindicalistas, académicos, grupos religiosos, accionistas de compañías y estudiantes han tenido la oportunidad de hacer visitas a las casas de los trabajadores y conocer familias trabajadoras gracias a que ellos confían en su organización local, el Comité Fronterizo de Obreras, el cual a su vez ha creado una relación de confianza con AFSC.

Continuando con la discusión de los visitantes a la frontera, supongamos que hay un local sindical estadounidense lo suficientemente progresista para que haya tomando en cuenta dentro de su análisis político problemáticas de la xenofobia, el racismo y la discriminación en contra de los mexicanos en general. Para fomentar la solidaridad, ellos deciden ir a la frontera sin nociones preconcebidas. Aún así, cuando regresan, sus promesas de solidaridad no pueden ser concretadas.

Tales brechas y desconexiones no resultan de una falta de interés, sino más bien porque entender los asuntos de las maquiladoras no es tan simple. Esto a su vez crea retos para el desarrollo de lazos transfronterizos fuertes. La barrera del idioma es otro problema; la mayoría de las delegaciones no pueden darse el lujo de contratar a traductores profesionales; pero aún los profesionales pueden no estar familiarizados con el vocabulario de la manufactura o con las expresiones locales. Los trabajadores de maquiladoras no hablan inglés, excepto algunos supervisores y gerentes. La dependencia en traductores voluntarios lleva a errores comunes como traducir “ sindicato ” como “syndicate” en vez de la palabra correcta en inglés que es “trade union”. Esto hace aún más difícil para los participantes en delegaciones descifrar algunas historias de los trabajadores. Como mínimo, esto los hace menos capaces de contar una historia más convincente cuando al regreso reportan a su local sindical.

Un segundo problema es la misma naturaleza de cómo los trabajadores cuentan sus historias. Éstas pueden ser expresadas en términos muy fragmentados e imprecisos. La mayoría de las compañías maquiladoras no están interesadas en comunicarse bien con su fuerza laboral; hasta pueden incluso correr rumores deliberadamente para confundir. Es común encontrar versiones encontradas de un mismo evento. Organizaciones como CFO y AFSC hacen el esfuerzo de destilar la información de los trabajadores y tener un cuadro coherente, ayudando a los visitantes a comprender mejor los casos. Cuando tales recursos no están disponibles, un fragmento de información de un solo trabajador asume el estatus de verdad absoluta a los ojos de un visitante. Sin embargo, tarde o temprano el relato puede no sostenerse.

Sindicatos anti-trabajadores

Seamos positivos y asumamos que la delegación que fue a la frontera tiene un intérprete excelente y participantes con mentes abiertas. El siguiente reto es entender el sistema sindical mexicano y la cultura política laboral en el país.

Luego de escuchar las historias de los trabajadores, anfitriones e invitados usualmente se enfrascan en una sesión de preguntas y respuestas. Un diálogo común es el siguiente:

“¿Tienen ustedes (los trabajadores) sindicato?”, pregunta un visitante.

“Si, tenemos un sindicato pero nuestros líderes no nos responden”.

“¿O sea que tienen un sindicato de la compañía?”.

“No, bueno, algunos son sindicatos de las compañías, pero la mayoría no lo son; sino que son parte de la CTM (Confederación de Trabajadores Mexicanos)”.

“Pero nosotros creíamos que la CTM y otros eran sindicatos del gobierno adheridos al corrupto PRI”.

“Sí, pero cuando el Presidente Fox tomó el cargo, esos sindicatos de la CTM rápidamente se alinearon con él y la actual administración del PAN. No hay diferencia para nosotros”.

A medida que se tienen que explicar más detalles y matices a los visitantes, esta clase de conversación se torna más compleja. De alguna manera las piezas del rompecabezas no encajan. La cultura política laboral mexicana va profundamente contra la lógica de la mayoría de personas de Estados Unidos, incluyendo una mayoría de miembros de sindicatos. No es fácil explicar, particularmente a visitantes con poco o ningún conocimiento de la historia de los movimientos laborales mexicanos.

Esto puede dar paso a una imagen confusa del papel que juegan los sindicatos mexicanos y también los trabajadores que se oponen vehementemente a aquéllos. Si los visitantes están familiarizados con el sistema oficial en México, que en el papel es muy pro-laboral, sería fácil para ellos concluir — incorrectamente — que los trabajadores de maquiladoras que acaban de conocer son anti-sindicalistas.

¿Se puede confiar en ellos?

Además de las complejidades del contexto político y sindical de México, incluyendo la contradictoria realidad de que los mexicanos tienen leyes laborales muy progresistas pero una seria falta de su cumplimiento, la siguiente pregunta refleja otro reto grande: ¿Con quién se deberían aliar los sindicatos estadounidenses? Sus contrapartes “naturales” en México –los “sindicatos oficiales”– son pro-empresariales. Idealmente tendrían que haber sindicatos independientes, pero en realidad no hay ni uno en la frontera. Debido a esto, algunos sindicalistas pueden compartir un razonamiento tácito que dice: “Olvídenlo; las maquiladoras de la frontera son un caso perdido para organizar”.

Como resultado, nos confrontamos a panorama de gran cantidad de organizadores laborales y defensores sociales avezados, comprometidos con sus bases, con un buen entendimiento de la globalización, un buen intérprete y aún así … no se puede poner en acción un apoyo para los trabajadores de las maquiladoras.

Un factor puede ser una oculta falta de confianza en los trabajadores mexicanos y sus organizaciones por parte de algunos honestos activistas en Estados Unidos.

Especialmente para el sindicalismo estadounidense, el CFO ha sido una gran interrogante. Hace que los sindicalistas de este país se pregunten cómo un sindicato internacional grande puede trabajar con una ONG pequeña que tiene un personal de cuatro personas. Pero aún así, este pequeño grupo es liderado por mujeres trabajadoras que han entrenado a líderes de base en seis ciudades a lo largo de la frontera en el proceso de organizar a miles y miles de trabajadores, muchos de los cuales son mujeres jóvenes que a su vez han creado redes de acción en el piso de las fábricas.

En más de una manera, el modelo de organizar del CFO ha desafiado conceptos preconcebidos del sindicalismo estadounidense. Los visitantes de Estados Unidos frecuentemente se sorprenden cuando se enteran cómo algunos trabajadores —de acuerdo a la mentalidad dominante, unos muchachitos (“little guys”) — han desafiado no sólo a las corporaciones para las que trabajan sino también a las autoridades laborales locales y a sus negativos líderes sindicales. Esos trabajadores han tenido éxito organizando bajo esas condiciones de represión. Los visitantes también quedan perplejos de la habilidad del CFO de dar resultados, dado que no recoje cuotas sindicales ni pide a sus miembros que se unan al grupo formalmente.

Una vez que los visitantes entienden el contexto laboral mexicano, se sienten más cómodos al escuchar a los mexicanos referirse a sus líderes sindicales como “el enemigo”; o al menos, su enemigo inmediato. Ellos comienzan a entender lo que los trabajadores ven: un liderazgo sindical que actúa a nombre de la gerencia y obstruye la lucha real entre los trabajadores y los patrones. Escuchar a los trabajadores de las maquiladoras insistir en su lucha por la democracia sindical en México puede hacer sentir un poco mal a algunos sindicalistas estadounidenses.

Las organizadoras del CFO han hecho un llamado a los sindicatos de Estados Unidos a creer que la organización laboral independiente en las maquiladoras es concretamente posible. No hay duda que tal organización ha probado ser una tarea muy difícil. Sin embargo, no es algo imposible de lograr, particularmente si se comprometieran más recursos para apoyar los esfuerzos en la base ya existentes. Hemos visto marchas en las calles, contínuas actividades de entrenamiento e impresión de volantes para ser repartidos entre 5 mil trabajadores, e innumerables acciones directas todo organizado por un par de mujeres del CFO sin coche, sin teléfono celular — o cualquier otro tipo de teléfono – y un presupuesto anual para gastos usualmente limitado a transporte local y fotocopias.

Hay muy buenos ejemplos de solidaridad con los trabajadores de las maquiladoras mexicanas por parte de activistas laborales y ONG de Estados Unidos y Canadá (tales iniciativas serán abordadas en futuros comentarios en esta página electrónica). Sin embargo, el sindicalismo estadounidense en su mayor parte ha dado solidaridad transfronteriza de dientes para fuera, con algunas excepciones clave. Recursos para apoyar a organizaciones de trabajadores de base, reales y efectivas como el CFO, no han existido, incluso después de cuarenta años de presencia de la industria maquiladora en el “patio trasero” de Estados Unidos.

Tres ingredientes son necesarios para llevar a nuevos niveles a la solidaridad a través de las fronteras: un entendimiento y práctica de la solidaridad dentro de un marco de referencia global; confianza mutua entre los pueblos de diferentes países; y un verdadero compromiso para compartir recursos con los trabajadores que están en la línea del frente de la globalización.

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