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The New York Times

Diciembre 27, 2003

El Acuerdo de Libre Comercio a sus 10 años: los dolores aumentan y están a la vista

Este artículo fue preparado por Elizabeth Becker, Clifford Krauss y Tim Weiner, y fue escrito por el señor Weiner.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte comenzó hace 10 años luego de un peleado debate que dejó lastimaduras. Hoy más que nunca es un símbolo, con carga política, de las promesas y riesgos del libre comercio.

El acuerdo, conocido como TLC o TLCAN, puso bajo un mismo techo tres economías con enormes diferencias: la exhuberantemente rica de Estados Unidos, la de clase media de Canadá y la de México en constante lucha. Estas disparidades hicieron del TLCAN la apuesta más audaz jamás hecha bajo la propuesta de que el libre comercio podría beneficiar a todos.

Los líderes prometieron que el acuerdo crearía millones de buenos empleos, frenaría la inmigación ilegal y aumentaría los niveles de vida "desde el Yukón hasta Yucatán". Una década después, el veredicto, incluso entre los más fuertes promotores del TLCAN, es que el libre comercio por sí mismo no es suficiente para cumplir esos objetivos.

Los efectos del TLCAN no se pueden aislar de los cambios más amplios de una economía globalizada. Pero muchos economistas y analistas políticos dicen que si bien el acuerdo estimuló el comercio y el crecimiento general, también trajo trastornos desagradables. Para bien o para mal —o ambos— el TLCAN transformó el paisaje económico del continente a una velocidad pasmosa.

Gary Hufbauer, analista del Instituto de Economía Internacional, un grupo de investigación de Washington que apoya el libre comercio, dice que las ganancias para Estados Unidos —bienes de consumo a bajos precios y mayores ingresos a corporaciones— son grandes comparadas con las pérdidas.

"Sin embargo, las ganancias están tan tenuemente esparcidas a lo largo del país que la gente no agradece al TLCAN cuando compra un mango o autopartes baratas", dice.

Las cosas dolorosas, dice él, se concentran en lugares como el oeste medio, donde se han perdido trabajos de manufactura que se han ido a México y Canadá, y ahora a China. "Puede que la pérdida de trabajos relacionados al TLCAN y un menor ingreso sean pequeños, pero el eco es muy grande por todos los otros trabajos que se han perdido debido a la globalización", dice. "El TLCAN es el símbolo de todo lo doloroso".

El debate sobre el TLCAN continúa dando forma al futuro del libre comercio, incluso en un momento en que más naciones hacen fila para obtener sus presuntos beneficios, como los cuatro países de Centroamérica que alcanzaron su propio acuerdo con Estados Unidos la semana pasada.

Pero incluso ese acuerdo está propenso a enfrentar un agonizante debate en el Congreso durante un año electoral, ya que las distorsiones del TLCAN proporcionan un punto de protesta para los opositores que dicen que fue demasiado y muy rápido, y que prestó muy poca atención al impacto sobre los trabajadores.

Con el consenso nacional sobre el libre comercio desgastándose, y la pérdida de trabajos vislumbrándose como un tema de campaña, es dudoso que cualquier candidato demócrata o el presidente Bush se pronuncien por una liberalización comercial más profunda en el año venidero sin tener que disculparse.

Pero para los defensores del TLCAN, el acuerdo, que redujo o eliminó tarifas en todo, desde bienes para la agricultura hasta autopartes, deja no obstante a las tres naciones mejor de lo que hubieran estado sin él.

"Definitivamente ha creado un crecimiento de empleos relacionados a la exportación", dice Bill Richardson, gobernador de Nuevo México. Como demócrata en el Congreso, él ayudó a ganar la aprobación del TLCAN en la Cámara de Representantes.

"En su conjunto, el TLCAN ha sido positivo, pero aún así todavía tiene un abundante, alarmante y muy mal seguimiento de compromisos que se hicieron en la frontera", dice. Las promesas de proteger los derechos de los trabajadores y el medio ambiente han "fracasado alarmantemente". Lo mismo las promesas de cerrar la brecha económica entre Estados Unidos y México.

"Toda la idea de que el TLCAN crearía empleos en el lado mexicano y por ende frenaría la inmigración ha sido totalmente equivocada", dice. "Eso se exageró de más".

Robert B. Zoellick, Representante de Comercio de Estados Unidos, dice que el TLCAN logró su objetivo de incrementar el comercio, especialmente duplicando las exportaciones agrícolas a México. Aunque el déficit comercial de Estados Unidos con Canadá y México aumentó nueve veces hasta alcanzar $90 mil millones de dólares, el total del intercambio comercial entre las tres naciones aumentó en un 109%.

"El TLCAN ha estado metiendo bienes y granos estadunidenses a México, beneficiando a consumidores y apoyando trabajos estadunidenses de calidad aquí en casa”, dice, refiriéndose al pago que crece en los empleos de manufactura. Ese incremento de 14.4% quedó rezagado del incremento general en los ingresos de los hogares.

Para gigantes de la venta al menudeo como Wal-Mart, negocios agrícolas estadunidenses subsidiados por el gobierno, y grandes fabricantes estadunidenses de automóviles y autopartes, el comercio sin frontera significó mayores ganancias para ellos y sus accionistas.

Pero los beneficios de tener precios estables y planes de retiro -401(k)- creciendo, son en su mayor parte invisibles comparados con el infortunio de ver una fábrica cerrada. Los consumidores de Estados Unidos, México o Canadá también son los trabajadores, agricultores y residentes de pequeños poblados de cada nación, y el TLCAN dejó a mucha gente con costos al consumidor reducidos pero a costa de su anterior forma de vida.

En Canadá, donde el TLCAN ayudó a dar forma a una economía más competitiva, las costos dolorosos fueron amortiguados por una fuerte red de seguridad social. No así en México y Estados Unidos.

"Nosotros somos los perdedores," dice Bonnie Long, una de al menos medio millón de trabajadores de manufactura estadunidenses que perdieron sus trabajos debido al TLCAN, a pesar de la oleada en el comercio. "Nosotros perdimos nuestras prestaciones médicas, nuestros salarios de vida. Los ganadores son los ejecutivos de corporaciones que ni siquiera viven aquí y que pueden poner sus fábricas adonde quiera que encuentren la mano de obra más barata".

Goshen, Indiana
Tensiones sociales y empleos que desaparecen

Indiana, como el resto of the Estados Unidos, ha gozado un crecimiento de las exportaciones bajo el TLCAN. Pero Goshen también es como miles de poblaciones a lo largo de la nación que han visto trabajos y prestaciones de salud desaparecer con el acuerdo.

Lo que también está desapareciendo es una forma de vida en Goshen, hogar de 30 mil personas y asiento del Condado Elkhart en el norte de Indiana. El poblado alguna vez vivió de hacer cosas. Fue la "capital del accesorio mecánico" de Estados Unidos, dice su alcalde, Allan Kauffman.

"El TLCAN no ha tenido un impacto positivo", explica. "Goshen hace accesorios mecánicos. Siempre los ha hecho. Y las compañías que hacen accesorios que son fáciles de transportar, o ya se fueron o se van a ir".

La mitad del Condado Elkhart depende de la manufactura. Alguna vez docenas de fábricas de propiedad local a lo largo del estado producían partes en profusión para toda clase de productos: electrónicos, farmacéuticos, muebles, pianos y especialmente para la industria automotriz.

Aún antes del TLCAN, esos trabajos estaban enfrentando un presión creciente de nuevos competidores de bajos salarios en otros países. Desde que el TLCAN comenzó, cientos más de trabajos se han ido al sur, a México, transplantados por grandes corporaciones que compraron firmas locales. La competencia china está intensificando esas pérdidas.

"Nosotros hemos cambiado trabajos de destrezas altas por trabajos de destrezas bajas, y la tendencia ha empeorado en los últimos cuatro años", dice Bill Johnson. Él vendió el negocio de su familia, la Compañía de Caucho Goshen a una corporación multinacional, Parker Hannifin, en el año 2000.

James Cartwright, un vocero de Parker Hannifin, dice que la compañía, como muchas otras, trasladó trabajos a México porque "nosotros hacemos lo que es mejor para servir a nuestros consumidores y a nuestros accionistas".

Como consumidora o inversionista, la señora Long, de 46 años, como otros estadunidenses, podrían sentir esos beneficios. Pero ellos significan poco para ella sin el trabajo que perdió después de 21 años, cuando Parker Hannifin hizo su jugada.

"Si no fuera por mi papá", quien le ha ayudado a pasarla, "yo estaría a punto de estar en la calle", dice ella.

Ese dolor y frustración es ampliamente compartido.

Chester F. Dobis, presidente temporal de la Cámara de Representantes de Indiana, sostuvo cuatro reuniones este año en diferentes partes del estado para calibrar los sentimientos hacia el libre comercio. Dobis, un demócrata de Merrillville, dice que él había pensado que los únicos problemas estarían en su propio distrito, una región productora de acero.

"Híjole, si estaba equivocado", dice. "Estos pactos comerciales han tenido un efecto devastador en todas partes del estado. Las compañías desertaron Indiana por irse a México hace un par de años y ahora se están yendo a China".

Pocos manufactureros han sido capaces de resistir la marejada de la globalización que incluye al TLCAN. Uno de ellos es Gerald A. Trolz, un héroe local porque él no vendería ni trasladaría Goshen Stamping, su pequeña firma de manufactura de ferretería, incluso después de que su principal consumidor se trasladó a México llevándose la mitad de sus ventas.

Él dice que la única razón por la que ha podido mantener su compañía en Goshen es porque él es el dueño: él no responde a accionistas. "Los expertos no ven lo que sucede aquí, en el piso de la fábrica, así que es fácil para ellos decir que el TLCAN fue bueno o malo", de Trolz. "Hasta que esto se nivele, seguirá siendo pura devastación".

La creciente competencia de mano de obra barata de otros países ha profundizado una tendencia de décadas hacia unos salarios deprimidos, pero también ha tenido otro impacto no esperado del TLCAN — la llegada aquí de cientos de inmigrantes mexicanos en busca de trabajo.

El alcalde Kauffman dice que el gobierno federal "podría haber hecho algo para detener este influjo de inmigrantes que ha empujado hacia abajo nuestros salarios", especialmente porque abrazó la bandera del libre comercio.

La población hispana del poblado ha crecido al menos cuatro veces bajo el TLCAN. Y también las tensiones sociales crecieron. Las grandes comunidades menonita y Amish aquí se han esforzado en mitigar las tensiones, especialmente luego de que la sección local del Ku-Klux-Klan hizo una marcha contra los mexicanos, muchos de los cuales trabajan ilegalmente.

Los mexicanos también están dispuestos a trabajar por menos —a veces hasta por $2 dólares la hora por debajo de la mesa, en restaurantes. Pero incluso tales salarios son un avance para muchos mexicanos desplazados en la revolvedora de trabajadores continental que el TLCAN ha puesto en movimiento.

"Nuestra zona allá en nuestra tierra era muy pobre", dice Trina Cervantes, quien arribó hace dos años de Guadalajara con sus dos hijos, siguiendo a su esposo, ahora residente legal después de siete años en una línea de ensamblaje de Goshen. "A mi esposo le tomaban tres meses ganar lo que él gana aquí en una semana".

Para los residentes como la señora Long, hay poco de que alegrarse de que el TLCAN ha hecho a Goshen un mejor lugar para trabajar para los mexicanos, en tanto que los propios trabajos de aquéllos se han desgastado. "Por la forma en que está hoy la economía de Goshen", dice ella, "todos nosotros sentimos que es el TLCAN dándonos la vuelta para mordernos por detrás".

Ciudad Acuña, México
Un boom efímero y una desilusión

Una de las promesas del TLCAN fue que cerraría las grandes brechas salariales y de estándares de vida entre Estados Unidos y México, y que mantendría a los mexicanos trabajando en su lado de la frontera.

En estos días en México, "cuando usted dice que el libre comercio beneficia a la gente pobre, nadie le cree", dice Luis de la Calle, uno de los principales negociadores del TLCAN por México. De la Calle, un economista y convencido entusiasta del acuerdo, cree no obstante que los beneficios del TLCAN para México están menguando en tanto la manufactura se muda a países donde los salarios son aún más bajos, China en particular.

Algunas compañías mexicanas explotaron con éxito el nuevo mercado estadunidense, especialmente aquellas aliadas con corporaciones de Estados Unidos, como los productores de jitomate que venden a compañías como Del Monte, o procesadores de alimentos que convierten cerdos estadunidenses en tocino.

Pero de acuerdo a cada estándar posible de medir, la brecha entre ricos y pobres en México se hizo más grande. El desempleo está arriba y los salarios reales, erosionados por un colapso del peso en 1995, están igual o abajo para muchos millones de trabajadores.

El TLCAN creó trabajos, pero no con la rapidez para estar al parejo de la competencia creciente de China, o con una fuerza laboral que se abultó con los agricultores mexicanos desplazados por las importaciones estadunidenses subsidiadas.

Millones de trabajadores mexicanos cruzaron a Estados Unidos. Un millón más se fue al norte, a la frontera, buscando trabajo, en un movimiento comparable a la migración de estadunidenses del sur rural a ciudades del norte como Chicago y Detroit en la primera mitad del siglo XX. Para México, el cambio ocurrió en una década.

Muchos terminaron en las líneas de ensamblaje orientadas al comercio y conocidas como maquiladoras, la mayoría de las cuales están en poblaciones fronterizas recias como Ciudad Juárez y Ciudad Acuña. Las maquiladoras produjeron $78 mil millones de dólares en exportaciones durante 2002, casi dos tercios de esa cantidad proveniente de partes estadunidenses ensambladas en México y re-exportadas a Estados Unidos.

"Las promesas hechas acerca de cómo sería la vida no fueron reales", dice Etelvina Vázquez, una operadora de 43 años en una planta de autopartes de Alcoa. Ella es una de 27,000 personas que se mudaron a Ciudad Acuña solamente del sureño estado de Veracruz, de acuerdo a la Asociación de Maquiladoras de la ciudad.

Después de cinco años, la señora Vázquez se lleva a casa el equivalente a $45 dólares por una semana de 48 horas, luego de la deducción por el costo de su casa construida por el gobierno. Aunque su ingreso es más alto del que tenía en Veracruz, lo que le queda luego de pagar los recibos del hogar es casi lo mismo. "La vida es diferente, pero igual de dura”, dice.

Muchos de estos trabajos maquiladores están ahora desapareciendo en la medida que la ventaja relativa que México alguna vez tuvo: mano de obra barata, se erosiona en un mercado global en expansión. De los 700 mil nuevos empleos en maquiladoras generados en los primeros siete años del TLCAN, 300 mil han sido eliminados desde el año 2000.

Dentro y fuera de las maquiladoras, "todos los empleos ganados en la manufactura gracias al TLCAN han desaparecido", dice Edgar Amador, un economista en la ciudad de México. "Diez años después, no hay evidencia concluyente de que los salarios reales se han incrementado debido al TLCAN".

Para Angélica Morales, una trabajadora de maquiladora que se trasladó de Monclova, cuatro horas al sur, a Ciudad Acuña, la razón es muy clara. "No hay sindicatos independientes”, dice. “Los trabajadores no pueden opinar sobre lo que les sucede".

Esos argumentos no persuaden a Cuauhtémoc Hernández, de 31 años, quien representa a la Asociación de Maquiladoras de la ciudad: 34 plantas de ensamblaje, todas compañías estadunidenses excepto dos, que emplean a 32 mil trabajadores mexicanos. Los beneficios para los negocios estadunidenses —mano de obra barata, alta productividad, generosas exenciones de impuestos— fluyen a todo lo largo de la ciudad, dice.

"El crecimiento de Acuña fue rápido, rápido, rápido," dice —tan rápido que la ciudad tiene una severa deficiencia de vivienda, hospitales y escuelas.

"Todos dicen que la situación local —calles sin pavimentar, falta de instituciones de salud para trabajadores, falta de vivienda que los trabajadores merecen— es culpa de las maquiladoras", señala Hernández. "Incluso algunas autoridades de gobierno dicen: `No más maquiladoras.' ¿Cuál es nuestra respuesta? Nuestra respuesta es: `Ustedes no pueden detener el progreso'".

Durham, Ontario
Industrias forzadas a adaptarse o morir

Canadá estaba mejor situada que México para beneficiarse del libre comercio. Tiene una clase media bien educada. 90% de los canadienses viven a menos de 100 millas de la frontera. Ellos gozan de prestaciones de desempleo liberales y seguro médico universal.

"Desde luego, te tocan algunas cosas dolorosas que tiene que ser sobrellevadas" dice Jean Chrétien, quien este mes terminó como Primer Ministro de Canadá.

El progreso mostró deformaciones también para Canadá. El país tenía un acuerdo de libre comercio aparte con Estados Unidos, cinco años antes del TLCAN en 1988. Esos años fueron un baño con agua fría para Canadá: de 1989 a 1991, se perdieron 450 mil empleos de manufactura, casi uno de cada cinco.

Algunos sobrevivientes resurgieron con más fuerza. Los simpatizantes del TLCAN apuntaron a un futuro donde las promesas del libre comercio aún podrían cumplirse.

En la pequeña población manufacturera Durham en Ontario, los gerentes de la fábrica Muebles Durham recibieron una llamada telefónica de Toronto el 10 de febrero de 1992. Su compañía matriz, Grupo Casa Strathearn, había quebrado. Todos los 150 empleados fueron reunidos en el comedor para escuchar las noticias: su planta de 93 años de antigüedad pronto cerraría.

"El pueblo entero estaba como en un velorio", recuerda Lloyd Love, ahora vicepresidente de manufactura.

Entonces los gerentes encontraron financiamiento para reabrir la planta como una compañía sola llamada Muebles Durham. Bajo la dirección de un especialista en mercadotecnia estadunidense llamado John Scarsella, ahora presidente y ejecutivo en jefe, Durham se reinventó a sí misma, invirtiendo más de $15 millones de dólares en nueva tecnología y aspirando conseguir consumidores estadunidenses.

Las ventas de Durham crecieron ocho veces desde 1994 hasta alcanzar más de $75 millones de dólares este año. 80% de esas ventas van a Estados Unidos. De 100 empleados en 1993, la compañía tiene ahora 800 trabajadores, una oficina de ventas en Canfield, Ohio, y una sala de exhibiciones en High Point, Carolina del Norte.

"La frontera es invisible para nosotros", dice Scarsella. "Pasamos de ser una compañía canadiense con un mercado de 30 millones de habitantes a un mercado de 300 millones. Nosotros no tratamos la frontera como una frontera".

David Hanna, vicepresidente ejecutivo de la Asociación Manufacturera de Muebles de Ontario, dice que tal vez media docena de compañías miembros fueron orilladas a salir del negocio por el TLCAN, lo que permitió a gigantes estadunidenses como Ethan Allen invadir el mercado canadiense. Los principales manufactureros de muebles de Ontario han perdido casi la mitad de los cerca de 7,200 trabajadores que tenían hace una década, dice.

"Una vez que las barreras cayeron, la industria canadiense quedó muy expuesta", dice Perrin Beatty, presidente de la Asociación de Manufactureros y Exportadores, y ministro en el gabinete del gobierno que negoció el acuerdo. "Significó un cambio de velocidades psicológico. Una de dos, o te adaptabas o morías".

Hoy los negocios de Canadá están más orientados a la exportacion que hace una generación. Ellos crearon 500 mil empleos el año pasado, aún cuando ellos también sienten una creciente competencia china. Las exportaciones a Estados Unidos crecieron más del doble y ahora representan más de un tercio de la economía de Canadá. Varios sectores —equipo de comunicaciones, químicos, servicios relacionados al petróleo y gasolina, manufactura aeroespacial y electrónicos— están creciendo rápido.

Pero en Canadá, como en Europa, la red de seguridad social mitigó esa transformación. La Unión Europea manejó el libre comercio de manera diferente. Ha permitido el libre movimiento de trabajadores, no sólo del capital. Protegió los niveles salariales. Cerró la brecha entre un país más rico como Alemania y uno más pobre como Grecia con dinero y tecnología. Los gobiernos europeos, no los empleadores, proporcionaron cuidado de la salud y pensiones.

"Es más fácil cuando la gente no tiene que preocuparse por las redes de seguridad social y puede aceptar una conexión entre mejorar la competencia y el crecimiento económico", dice Pascal Lamy, principal ministro de comercio de Europa y sólido defensor del libre comercio. Cuando los estadunidenses son echados del trabajo debido a un cambio fundamental causado por nuevas reglas del comercio global, dice, ellos arriesgan con perderlo todo.

Elizabeth Becker reportó para este artículo desde Goshen, Indiana; Clifford Krauss desde Durham, Ontario, y Tim Weiner desde Ciudad Acuña, México.

Traducción: Ricardo Hernández, American Friends Service Committee, Philadelphia, PA

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